C. S. Lewis: Las Crónicas de un Ex-Ateo

Clive Staples Lewis, nacido en Irlanda del Norte (1898–1963), popularmente conocido como C. S. Lewis, fue un crítico literario, académico prominente de la facultad de Inglés de la Universidad de Oxford, locutor de radio y ensayista. También conocido por sus novelas de ficción, especialmente por las Cartas del Diablo a su Sobrino, la Trilogía Cósmica y, su obra más famosa, Las Crónicas de Narnia; compuesto por varios libros ampliamente vendidos y popularizados en el teatro, la televisión y el cine.

Lewis fue criado en una familia religiosa de la Iglesia de Irlanda y recibió clases de muy buena calidad aunque, en la mayoria de los casos de tutores privados. En septiembre de 1913 se matriculó en el Malvern College, donde permanecería hasta junio del año siguiente, y curiosamente, es en esta misma época que el joven de 15 años de edad abandonó la fe cristiana de su niñez, y se convirtió en un ateo interesado por la mitología y el ocultismo. Así Lewis se mantuvo siendo ateo la mayor parte de su juventud. Su separación del cristianismo comenzó cuando empezó a ver su religión como una tarea y un deber. Lewis citaba a Lucrecio como quien tenía el argumento más fuerte a favor del ateísmo, cuando dice:
Si Dios hubiera diseñado el mundo, no sería 
un mundo tan frágil y defectuoso como lo vemos
Mientras que en su juventud Lewis intelectualmente era ateo, después diría en su autobiografía (Sorprendido por la Alegría) que en realidad él estaba "muy molesto con Dios por no existir". Luego Influenciado por argumentos de sus colegas cristianos en Oxford, principalmente por su amigo J. R. R. Tolkien (autor de "El Señor de los Anillos"), como también por el escocés George MacDonald y sus cuentos fantásticos, lentamente fue redescubriendo el cristianismo. En 1929 vino a creer en la existencia de Dios, aunque peleó fieramente en contra de ella. Describió su lucha intelectual en su autobiografía:

Debes imaginarme solo, en aquella habitación del Magdalen, noche tras noche, sintiendo,cada vez que mi mente se apartaba del trabajo, el acercamiento continuo, inexorable, de Aquel con quien, tan encarecidamente no deseaba encontrarme. Aquel a quien temia profundamente cayó al final sobre mi. Hacia la festividad de la Trinidad de 1929 cedí, admití que Dios era Dios y, de rodillas recé [oré]; quizá fuera, aquella noche, el converso más deslentado y remiso de toda Inglaterra.

Lewis aclara en el capitulo XV de "Sorprendido Por La Alegria" que esta conversión no fue al Cristinianismo. "Aun no sabia nada de la Encarnación [de Cristo]. Al Dios que me sometí simplemente no era humano", dice.

Es en 1931, después de una larga discusión con Tolkien y otro de sus amigos cercanos (Hugo Dyson), Lewis se convirtió al cristianismo y, en contra de lo querido por Tolkien, se unió a la Iglesia de Inglaterra.

La obra de C.S. Lewis es muy grande y diversa. Pero, a partir de su conversión, donde verdaderamente puso todo su empeño fue en la difusión de la fe cristiana. Ahí se destacó como el apologista (defensor del cristianismo) más importante de su época y más allá.

El pensamiento de C.S. Lewis se puede identificar con cualquier rama del saber, debido a la importancia que reviste el ser humano en su pensamiento. Temas como, el lugar del hombre en el universo, la unidad sustancial de cuerpo y alma, el amor y el dolor, alcanzar a Dios partiendo de experiencias fundamentales.

A partir de ahí Lewis muestra la verdad de la revelación como la clave de la inteligibilidad del misterio del hombre. Su pensamiento gira alrededor de estas tres realidades: la existencia de un Dios personal, la centralidad de Cristo en la creación y la historia de la salvación del hombre.

Siempre vigilante a la actualidad, sensible a los problemas del hombre, no perdía ocasión para dar un testimonio de verdad intemporal. Cualquier oportunidad era propicia para hablar, escribir, impugnar, rebatir, contradecir y pelear con argumentos lógicos, como ecuaciones precisas de la geometría divina. Aquí algunas de sus frases más impactantes que revelan como él fue conciliando la idea de la existencia de Dios con el mundo defectuoso y de dolor al que estaba sometido:
"Dios nos susurra en nuestros placeres, habla en nuestra conciencia, pero grita en nuestros dolores; el dolor es su megáfono para despertar a un mundo sordo".

"La dureza de Dios es más agradable que la amabilidad de los hombres, y su coacción es nuestra liberación".
Lewis explicó y defendió la fe cristiana al hombre de hoy y lo hizo poniendo su talento y sus conocimientos al servicio de Dios. Murió el 22 de noviembre de 1963, Contaba 65 años de edad.
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