¿Quién Crucificó a Jesús?

Desde muy temprano en la historia del cristianismo, se produjo una controversia trágica y lamentable sobre quienes fueron los culpables de la muerte de Jesús en la cruz. Por un lado, estaban los que veian con resentimientos al imperio romano y sus ciudadanos, y por otro lado, de manera mucho más marcada  un antisemitismo que alcanzó su maxima expresión en los campos de concentración construidos por el régimen de la Alemania nazi, solo porque, entre otras cosas, consideraban a los judios culpables de la muerte de Jesús.

Pero, ¿Quién o quienes fueron los culpables de la muerte de Jesús ¿Fueron los romanos? ¿Fueron los lideres y el pueblo judío? La respuesta final a esta pregunta es sin duda: Dios. Sí, y aunque para muchas personas esta es una idea sorprendente, esta es la única conclusión a las que nos conduce la biblia.

El profeta Isaias unos 600 años antes de Cristo dijo:«Fue la voluntad del Señor quebrantarlo sujetándolo a padecimiento» (Isaias 53.10)

El Nuevo Testamento, Pablo dice: «[Dios] no escatimó ni a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros» (Romanos 8.32) y otra vez exclama: «Dios lo puso [a Cristo] como propiciación... por su sangre, para ser recibido por fe» (Romanos 3.25).

Jesús mismo en una de sus más asombrosas declaraciones  afirmó:

«... Yo pongo mi vida para volverla a tomar, nadie me la quita , sino que yo la pongo de mis mismo . Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.» 
(Juan 10. 17-18)

De manera que Dios mismo fue quien planificó la muerte de su hijo. Nada de los que ocurrió en la vida de Jesús fue un accidente. Era la voluntad del Padre Dios llevarlo al padecimiento. Jesús escogió morir. El lo aceptó y cumplió el plan hasta decir: ¡Consumado ES!

Pero concluido que Dios planificó la muerte de su Hijo, esto no puede quedar ahí, surge en consecuencia la pregunta: ¿Cuál fue el propósito del Padre al crucificar a su Hijo? Las palabras de Juan 3.16 nuevamente nos dan una respuesta contundente: «De tal manera amó Dios al mundo que envió a su único Hijo [a morir] para que todo aquel que crea en él tenga vida eterna».
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