El Poder de Nuestras Palabras y La Casa de Mickey Mouse

No deja de preocuparme cada vez que que veo y escucho en círculos de llamados evangélicos declaraciones como esas que afirman que tenemos tal poder en nuestras lengua que con solo pronunciarnos podemos crear y destruir cosas a conveniencia y, aún más, que podemos dar ordenes a Dios y decretar juicios o bendiciones en franca violación de Su soberanía.

Me imagino, y eso me causa un poco de risa, que estas personas están pasando mucho tiempo viendo TV junto a sus hijos y es posible que se toman muy en serio lo que sucede, por ejemplo, en La Casa de Mickey Mouse que con solo decir las palabras mágicas: «Miska, Muska, Mickey Mouse» suceden cosas de lo mejor alrededor del famoso ratón de Disney y de sus amigos. Se que éste es un asunto delicado pero lamentablemente asi de caricaturezco me  parece todo esto, veálo y analicelo.

Ahora, olvidando las caricaturas, ¿Realmente tenemos tanto poder en nuestra boca como para ser usada arbitrariamente e incluso para provocar tragedias y males como la muerte? Y hacemos mención de la muerte porque precisamente uno de los pasajes biblicos predilectos de los que siguen esta corriente se encuentra en Proverbios 18:21 que dice: «Muerte y vida están en el poder de la lengua, los que la aman comeran su fruto», que aclarado sea es el pasaje en el que nos enfocaremos para analizar esta enseñanza desde el punto de vista biblico.

En primer lugar, el libro de Proverbios ocupa varios versículos en la importancia de la lengua, en referencia  a las palabras que son pronunciadas por nuestra boca. Por un lado se condena el abuso de las palabras por el que miente (6:16-19), por el que habla a la ligera (21:23) y por el que habla con hipocresía o con falta de sabiduría (11:9 y 10:21). Y es ciertamente reconocido que nuestros labios pueden pronunciar palabras penetrantes tanto para bien como para mal, pero nunca ni Proverbios ni nigun otro libro de la Biblia le atribuye ese poder mágico y aveces divino que se pretende hoy.

Proverbios 18:21 «Muerte y vida están en el poder de la lengua» hace una muestra extrema de las consecuencias que puede tener nuestro hablar. Es imposible que nuestras palabra no surtan algún efecto y por eso el autor añade «...y  los que les gusta usarla comerán de su fruto» Y podemos ver esta idea repetida en otras partes del libro, por ejemplo con 21:23 que dice «El que guarda su boca y lengua, guarda su alma de angustia» que claramente indica que nuestras palabras traen consecuencias tanto sobre el justo como sobre el injusto pero nunca tendran en lo más minimo un poder supernatural y mucho menos casi a la par con el de Dios.

Pero, sin dudas hay un espacio muy especial para La Palabra en La Biblia, y aquí estoy redundando porque hace referencia a la propia Palabra de Dios, lo dicho por Su boca. Muchos son confundidos en este aspecto hoy día, ya que la neo-ortodoxia se ha encargado de darle un sentido inflamado a la expresión «Palabra de Dios» cuando este debe ser reducido exclusivamente a las Sagradas Escritura y a la exposición genuina del evangelio (2 Timoteo 4:2). Esta es la palabra que no regresa a Dios vacia (Isaias 55:11), nunca las nuestras.

Podemos decir entonces que toda esta falsedad no tiene su origen en La Biblia sino en la teología del movimiento doctrinal Palabra de Fe surgido a mediados del siglo pasado y que enfatiza el poder sobrenatural de las Palabras y sostiene que si decimos las palabras correctas o creemos firmemente Dios está obligado a responder a nuestro antojo.

Este no es el Dios de la Biblia. Dios es soberano (Salmo 103:19) y  es un chiste infantil y a la vez una contradicción peligrosa pensar que El está cambiando de parecer ante los caprichos de «los hombre de fe». Decir que podemos cambiar los planes de Dios es equivalente a afirmar que los nuestros son mejores que los de El. En Isaias 46:10 el Señor afirma: «Yo anuncio el fin desde el principio; desde los tiempos antiguos, lo que está por venir. Yo digo: Mi propósito se cumplirá, y haré todo lo que deseo.» . “Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Números 23:19). Todo lo que hagamos o digamos ha de ser en Su nombre que es lo mismo que decir en su voluntad. Solo El dijo y fue hecho (Salmos 33:9). La Gloria siempre sea a El.
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