¿Con Qué Podemos Comparar Nuestro Pecado?

Todo acto de violencia afecta a la sociedad en general, esto hace inevitable el asombro y la indignación que producen los hechos abusivos de personas sin escrúpulos en contra de quienes muchas veces resultan ser sus familiares y amigos. Siempre que suceden estas cosas los comentarios en cuanto al hecho nos perseguirán donde quiera que vayamos, sea la fila del cajero automático, la guagua de transporte publico, en nuestro muro de Facebook, etc.

Pero cuando se trata del maltrato de un niño, o peor, de su violación o muerte, el escandalo sin duda es mucho mayor. Pocos o nadie puede escapar al enfado; la indignación es generalizada. Y preocupante es decir que casos como ese nos han invadido en los últimos meses y hemos tenido que leer las tristes lineas titulares: «Hombre Mata a Puñaladas a su Hijastra de Tres Años» o ver el vídeo que se hizo viral en las redes sociales, donde una niñera en Uganda le pega sin compasión a una niña de 18 meses después que se negara a comer. La mujer, que según la prensa tiene 22 fue grabada por una cámara oculta y se le ve tirar la niña con violencia del sofá al piso, para luego golpearla con una linterna, pisotearla y patearla varias veces con crueldad.

Como era de suponerse el primer caso generó lamentos y maldiciones de todo tipo. Recuerdo, por ejemplo, que alguien comento: «deben entregarlo al pueblo para que se le haga lo mismo con garrotes a ese animal»  y otra persona que dijo con mucha furia «tienen que hacerle lo mismo en la cárcel y luego picarlo en pedacitos». En el caso de la niñera del país africano, un amigo de los padres de la niña escribió: «Eso no se le hace a nadie, que Dios la mande al infierno por ello.

El por qué la gente reacciona de esa forma ante el abuso a los infantes, tiene una respuesta básica. Pensamos, por muchas razones validas, que un niño no merece un maltrato así, pues entre muchas otras cosas es indefenso y por demás no ha hecho nada para merecer un maltrato cualquiera que sea su magnitud, en pocas palabras es un inocente.

Ahora luego de analizar y opinar sobre esta triste realidad, opinión que asumo que todos compartimos, pensemos en nuestros pecados contra Dios. Sí, porque comúnmente conocemos la definición de «pecado» que es desobediencia a la ley de Dios pero no nos detenemos a medir lo que significa actuar pecaminosamente en contra de Dios. Si Dios es puro y santo más allá de lo que podemos imaginar y además él nos ha dado la vida y absolutamente todo lo que tenemos y ha provisto todas estas cosas para nuestro bien, actuar en contra de Dios es el acto de rebelión  y desagradecimiento mas grande que podamos cometer.

Concluimos entonces que, y esta es una comparación que indiscutiblemente se queda corta, pecar contra de Dios es mucho peor que actuar en contra de un niño. Un Dios que ha dispuesto todo como un regalo para el bien sus criaturas no merece para nada tales actos. El pecado es mucho más serio de lo que solemos aceptar. El pecado es algo grave.

La buena noticia es que Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8). De manera que, no importa cual sea nuestro pecado contra Dios, todos han sido crucificados en la cruz de Jesús, “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7). ¿Puedes creerlo?



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