3 de abril de 2020

Templos Vacíos...

¿Te has puesto a pensar cómo se ven los templos de las iglesias durante los pasados domingos en la mañana y en la noche? Muchas Iglesias en el mundo han cerrado las puertas de sus edificios por dos domingos consecutivos o más. Imagínalo un momento. Están allí las sillas, los instrumentos musicales, el púlpito, etc. Pero no estás tu ni tus hermanos. Es una sensación muy extraña.

Es cierto que muchos pastores y ministros de la Palabra están haciendo un gran esfuerzo por pararse frente a una cámara de vídeo y predicar con el mismo amor y la misma pasión que mostrarían si sus hermanos estuvieran allí en el frente. Si, la imaginación es sumamente poderosa, puede hasta hacernos sentir la mirada penetrante de aquellos hermanos que disfrutan cada frase y cada verso de esperanza. La imaginación puede ayudarnos a ver al hermano cabizbajo, al alegre, al triste, al angustiado… Pero no, nunca será igual. Debemos volver, necesitamos volver. No sabemos cuándo será, pero es lo que debemos anhelar.

Pedro, Pablo y los demás apóstoles escribieron sus cartas como un medio para llegar a las iglesias lejanas, las cartas no eran el fin. Su deseo siempre fue poder ir y regresar… para dar un abrazo, un beso de hermandad, sentir el calor humano de aquellos que habían sido hechos hijos de Dios y que ahora eran parte del cuerpo cuya cabeza es Cristo.

En el caso de Pablo, el repite ese deseo de estar cerca de sus hermanos en varia de sus cartas:

- A los hermanos de Roma les dice que oraba con suplica para lograr ir a “verlos para impartirles algún don espiritual, a fin de que sean confirmados” (Romanos 1:10,11).

- A los hermanos de Filipo desde la cárcel les dice que los extraña y los ama con ternura y expresa su disposición a regresar y continuar ayudándolos en continuar creciendo y experimentando su progreso y gozo en la fe (Filipenses 1:8,25,26).

- A Filemón le dice “prepárame alojamiento” porque tenía la esperanza en que Dios respondería su oración para volver a visitarlo pronto. (Filemón 1:22).

Y también encuentro estas palabras de Pablo a los hermanos de Tesalónica, para mí una de las expresiones más emotivas del Nuevo Testamento. Una verdadera muestra de cuanto valoraba el apóstol estar cerca, convivir junto a sus hermanos en la comunión del Señor:

"Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista, pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro" (1 Tesalonicenses 2:17).

Claro está, la vida cristiana no se vive en el templo ni en ninguna sala de estudio. Pero la vida de afecto, de amor, de paz y comunión pierde un poco de su encanto cuando se vive en la lejanía.

Esperamos en Dios que pronto pase todo esto, que podamos volver a vernos todos cara a cara, contarnos unos a otros que a pesar de que el templo estaba vacío nuestros corazones se mantuvieron llenos, y juntos en medio de abrazos dar gracias a Dios por todo lo que ha hecho por nosotros; no hay carta ni vídeo llamada que pueda sustituir eso.


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