DETRÁS DE CADA PECADO, UN PECADOR

By Carlos - enero 14, 2021

Durante las vacaciones de Navidad comencé a leer un libro de uno de mis autores favoritos. El escribió esto: “He comprendido que detrás de cada pregunta hay un interrogador.” Parece tan obvio, pero detrás de esta frase tan sencilla hay una verdad que creo debe grabarse en nuestras mentes. He pensado en ella todos estos días, la he analizado a la luz del mensaje de Jesús y de los múltiples acontecimientos que ocurren en el mundo hoy, hasta he formulado una frase similar e igual de sencilla que resalta cada vez más en mi mente: “Detrás de cada pecado hay un pecador”.

¿Por qué estoy resaltando esto? La respuesta también es sencilla. Esta frase nos muestra el enfoque que debemos tener a la hora de tratar con el pecado sea cual sea.
Vayamos al ejemplo del Supremo Maestro, cuando Jesús vino al mundo es evidente que el vino a causar una revolución contra el pecado. La particularidad de Jesús es que Su revolución se da desde el corazón de cada individuo que debe ser librado de sus propias ataduras.
Jesús tuvo otras opciones, él pudo proclamarse rey y hacerse de la fuerza de un pueblo que estaba ansioso de liberarse del yugo y la opresión del imperio, o ir a los grandes foros de discusión con su gran sabiduría y elocuencia a argumentar sobre políticas y reglas para suprimir y castigar el pecado. Pero no, lo que Jesús hizo fue acercarse a tratar el pecado directamente con el pecador. Fue esa cercanía la que permitió a Jesús decirle a Zaqueo, “la salvación ha llegado a esta casa”; fue esa cercanía también la que le permitió decirle a la mujer pecadora “Yo tampoco te condeno, vete y no vuelvas a pecar más”; y fue esa misma cercanía la que le permitió decirle a la samaritana, “el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.”
Jesús nos enseñó que no es desde la silla del rey, ni desde el caballo del capitán, ni desde el foro de los legisladores ni desde las marchas y protestas de los pueblos que debemos tratar con el pecado. Jesús descendió del trono más sublime y se despojó del poder más maravilloso, y es seguro que no fue para aspirar a los poderes viles de este mundo, sino para tratar directamente con el pecador, porque Jesús veía detrás de cada pecado un pecador para salvar.
Hoy, los seguidores de Cristo, no debemos aspirar a otra cosa, es lo que Jesús ordenó cuando dijo, vayan y hagan seguidores enseñándoles todo lo que os he mandado”. Debemos recordar que eso no es posible desde la lejanía, ni desde un discurso frío y sin compasión. Debemos recordar que el evangelio es poder de Dios. Sí , hay pecados que hay tratar, pero esos pecados deben ser tratados desde el evangelio y con el evangelio. Aferrarnos a discursos políticos y candidatos con el supuesto de que representan valores cristianos, en primer lugar, casi siempre resulta engañoso y en todo caso le quitan la belleza y el poder que tiene el evangelio predicado de persona a persona.
Pensemos en cualquier pecado y consideremos que detrás de ellos hay un pecador que no necesita que le pongamos una pancarta en la cara para hacerle ver su pecado. Un pecador tampoco necesita escuchar a simples moralistas decir que su pecado es el peor de todos los pecados. El pecador lo que sí necesita es escuchar el evangelio de la buena nueva de esperanza para los desvalidos a causa de su pecado y el maravilloso llamado pronunciado por Pedro “Arrepiéntanse y conviértanse para que sean borrados sus pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de consuelo.” Para eso, nosotros necesitamos ver detrás de cada pecado un pecador que necesita ser salvo.

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